CADA DÍA SU AFÁN Diario de León 24.7.2010
RAZÓN Y FE
En su encíclica "Caridad en la verdad", publicada el 7 de julio del 2009, Benedicto XVI ha dejado constancia de los más importantes problemas sociales de hoy, como la crisis económica, el acceso al trabajo y la emigración.
Es evidente que nuestra sociedad ignora y desprecia la fuerza y la riqueza de la fe. Es más, la misma mención pública de la fe se ha convertido en un tabú. Ya al comienzo de su encíclica dice el Papa que "la verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión" (CV 3).
Si la verdad y la fe se contradicen es porque una de ellas no ha sido correctamente entendida. El Papa afirma que la doctrina social de la Iglesia no es otra cosa que la caridad en la verdad que se aplica a los asuntos sociales. "Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón, en la distinción y la sinergia a la vez de los dos ámbitos cognitivos" (CV 5).
Cuando la fe ignora la razón puede caer en el fundamentalismo. Cuando la razón desprecia a la fe cae en el laicismo. Ambas posturas son peligrosas, por ser reductivas y excluyentes. Aunque parezca mentira, ambas nacen del mismo error antropológico. Las dos privan al ser humano de algo que le es propio: su ser racional y su ser creyente.
Según Benedicto XVI, "la razón necesita ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad" (CV 56).
Esa necesaria relación entre la fe y la razón no se debe a razones estratégicas e interesadas, sino a la fidelidad al mismo ser de la persona. La revelación y la fe se enraízan en ese plus que el hombre anhela en el fondo de su corazón para ser precisamente hombre en plenitud. La fe y la razón se enriquecen y se purifican en el encuentro. Pero ambas se pierden cuando se excluyen la una a la otra. Y en esa pérdida es el ser humano el que se empobrece.
El día 13 de noviembre de 2009 añadía el Papa: "La fe es una fuerza espiritual que purifica a la razón en la búsqueda de un orden justo, liberándola del riesgo siempre presente de dejarse deslumbrar por el egoísmo, el interés y el poder".
La exclusión de la fe o de la razón se ha manifestado muchas veces en el ámbito político y en el de la investigación científica. Pero la fe y la razón han de colaborar a descubrir al ser humano el camino de su realización y salvación. Según el Papa, "atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas" (CV 74).
José-Román Flecha Andrés



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