IMAGEN Y VOCACIÓN DE SANTIAGO
25 de julio de 2010
En el arte occidental, Santiago el Mayor es representado con frecuencia con los atributos de un peregrino. La tradición de los caminos que llevan hasta su tumba en Santiago de Compostela ha contribuido a crear esa imagen.
En realidad, el apóstol Jacobo, o Sant-Iago para la tradición hispana, podría ser representado también con otros símbolos.
Podría reconocerse por los aperos de la pesca, puesto que él y su hermano Juan fueron llamados por Jesús cuando recomponían las redes a la orilla del Mar de Galilea.
También podría ser pintado con una antorcha de fuego en la mano, puesto que él y su hermano pretendieron un día que el fuego del cielo bajase a abrasar una aldea samaritana.
Todavía podría ser representado con el cáliz del dolor y la agonía en el que Jesús proponía participar a los dos hijos de Zebedeo.
En este año Santo Compostelano la figura del apóstol Sant-Iago nos invita a repensar la verdad de nuestra vocación cristiana, la sinceridad de nuestra respuesta a su llamada y la decisión y radicalidad con que tratamos de seguir a Jesucristo.
LA LLAMADA DEL SEÑOR
Aquel pescador de Galilea había sido llamado por el Maestro mientras repasaba las redes junto a Zebedeo, su padre, y a su hermano Juan. Los dos jóvenes siguieron al profeta, con celo y abierta simpatía. Lo acompañaron en el monte de la transfiguración y el día que devolvió la vida a la hija de Jairo, por la que ya lloraban las plañideras contratadas. Quisieron vengarse un día de los samaritanos que negaron la hospitalidad a su Maestro. Y lo acompañaron, más o menos adormilados, en la hora dramática de su agónica oración en el Huerto de los Olivos.
Santiago y Juan pidieron a Jesús un puesto de relevancia para cuando instaurara ese reino que él anunciaba por los caminos. Era un proyecto que los ilusionaba como a nadie. El Maestro les reprendió por sus pretensiones y aprovechó la ocasión para explicar a sus discípulos el sentido de la autoridad y del servicio en el seno de su nueva comunidad. Tampoco se olvidó de preguntarles si estarían dispuestos a beber, como él, el cáliz de la amargura. Respondieron que lo estaban. O, al menos, así lo creían por entonces.
A la hora del prendimiento y de la cruz, Santiago abandonaría a su Maestro como todos los demás apóstoles. Sin embargo, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, sería el primero de ellos en entregar su vida por su causa. Fue una decisión política de Herodes, más bien un arrebato. Pero con ella, el antiguo pescador se convertía en el primer apóstol que daba su vida por el Señor.
LA PREGUNTA DEL SEÑOR
A Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, Jesús les dirigió la pregunta en la que se contenía la confesión de su fe y la decisión de seguir al Maestro hasta el final. Es ésa una de esas preguntas que siempre serán familiares a los cristianos de todos los siglos:
- "¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?" El discípulo de Jesús está llamado a parecerse a su Señor. No puede rechazar de antemano identificarse con Él en su suerte y en su muerte.
- "¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?" El discípulo de Jesús sabe que son muchos los hombres y mujeres que apuran cada día el cáliz de la amargura. Y trata de sentirse cercano a ellos.
- "¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?" El discípulo de Jesús no pone su ideal en el triunfo personal, sino en el seguimiento fiel del camino de su Señor.



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